PINAMAR

Pepe Soriano: el hombre de los grandes pequeños gestos

Con ochenta y ocho años es dueño de una vitalidad admirable. Sus pasos pueden parecer un poco más cansinos que en sus años mozos, pero poco importa la velocidad. Lo preponderante en él siempre serán su voz (desbordada de contenido) y lo que con su talento de actor provoca cada vez que sube al escenario.

Pepe Soriano, plantó el olivo número 130 en las instalaciones del Teatro de la Torre, de Pinamar. (Foto El mensajero de La Costa/InfoGEI)
Pepe Soriano, plantó el olivo número 130 en las instalaciones del Teatro de la Torre, de Pinamar. (Foto El mensajero de La Costa/InfoGEI)

La Plata, Oct 14 (InfoGEI).- Con orgullo contó al Mensajero de la Costa que en Pinamar plantó el olivo número 130, acción que replica en cada lugar al que llega con su unipersonal “el loro calabrés sigue contando” en señal de gratitud a la vida, profesión y a cada nuevo pueblo que lo recibe “Yo planto un olivo porque representa la paz y quiero felicitar a la Dirección de Cultura porque eligieron un ejemplar de gran porte, eso habla de una gran generosidad”.

Fue el propio Pepe quien dio las primeras paladas de tierra para afirmar el árbol que quedará emplazado para siempre en las instalaciones del Teatro de la Torre. Luego invitó a todos los presentes a replicar la acción y dijo “durará mucho más tiempo que yo y no me caben dudas que con su sombra va a ayudar a todos aquellos que lo necesiten”.

Luego agregó “si yo dijera sólo palabras bonitas pero mis acciones fueran por otro camino sería de una hipocresía terrible. Las palabras son continentes de los contenidos, me interesan los contenidos, es decir los hechos, los amores, los sentimientos, hoy plantamos un árbol que se convertirá en sombra del peregrino, esto es lo realmente importante”.

La humildad y nobleza del maestro se tradujo en gestos todo el tiempo. Fue él mismo quien recibió en el hall de la sala a sus invitados. Luego con sus relatos provocó desde las risas más estridentes hasta el llanto más emocionado, eso que sólo logran los grandes al abrir su corazón.

Quizá el símbolo más profundo e íntimo de la noche se dio cuando al finalizar el espectáculo tomó un pan de tres kilos y comenzó a repartirlo. Para Pepe compartir es lo más bello que tiene la vida. Como todo hombre sabio (más allá de haber recorrido lugares que muchas veces son atravesados por la frivolidad y la vorágine de las marquesinas) sabe de qué va la vida. Para él lo importante es la esencia, ser buena madera, no quedarse con nada, hacer dándolo todo y – por sobre todas las cosas- conservar siempre el sentimiento de gratitud. (InfoGEI) Jd

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